Tras el golpe a 'El Limones', la UIF congela una telaraña financiera de 24 empresas y 7 personas

La historia se repite con una coreografía ya predecible. Primero, el espectáculo: la detención de un presunto cabecilla criminal, en este caso, Edgar ‘El Limones’ Rodríguez en Durango. Luego, el efecto dominó: la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) anunció el congelamiento de cuentas de siete personas y 24 empresas, una telaraña supuestamente diseñada para lavar millones del Cartel del Pacífico, brazo financiero de la facción de ‘Los Mayos’ del Cartel de Sinaloa. La narrativa oficial huele a operativo contundente, a golpe certero al corazón financiero del crimen. El escepticismo, sin embargo, es un lujo que México ya no puede permitirse ignorar.
El teatro de las siglas: UIF, FGR y el circo de la postcaptura
Cada captura de un ‘pez gordo’ —o al menos de uno con suficiente carnada mediática— viene seguida de un comunicado de prensa de alguna dependencia. Esta vez le tocó a la UIF. Congelar cuentas suena técnico, sofisticado, como un jaque mate financiero. Pero la realidad en el desgastado campo de batalla contra el crimen organizado suele ser más prosaica: las redes se reconfiguran, el dinero encuentra nuevos cauces y los operadores detenidos son reemplazados con una eficiencia que envidiaría cualquier corporativo.
Las 24 empresas bloqueadas, según la versión oficial, operaban como una compleja red de transferencias internacionales para ocultar el origen ilícito de los recursos. El esquema no es nuevo. Es el ABC del lavado: crear capas y más capas de entidades legales que simulen actividad comercial para blanquear dinero de la extorsión, el narcotráfico y otras actividades.
- La acción llega un día después de la detención, sincronía que busca proyectar coordinación.
- Se habla de ‘bloqueo de operaciones’, no de decomiso definitivo o de sentencias.
- El anuncio carece de nombres específicos de las empresas, lo que opaca el análisis público sobre su verdadero alcance.
Es el viejo guion: un golpe publicitado para apaciguar la presión, mientras las estructuras profundas del crimen y su colusión con el poder político y económico permanecen, en gran medida, intocables.
El vínculo incómodo: crimen, sindicatos y poder político
Lo más revelador del caso no son las cuentas congeladas, sino el hilo del que se tiró. La investigación que llevó a ‘El Limones’ y a su red financiera apunta directamente a su membresía y operación bajo el amparo de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), el sindicato cercano a Morena liderado por Pedro Haces. El presunto delincuente no se escondía; presumía su tarjeta de presentación sindical para extorsionar a comerciantes y ganaderos en La Laguna.
Este es el meollo del asunto: la delgada y a menudo invisible línea que separa a las organizaciones criminales de ciertos actores políticos y sociales. La extorsión se ejecutaba con la sombra de un poder sindical que, a su vez, goza de influencia en el más alto nivel. ¿Cuántas redes similares operan bajo el cobijo de fachadas legítimas? La UIF puede congelar cuentas, pero ¿quién congela las influencias?
Conclusión: ¿Descongelar la impunidad?
El congelamiento de cuentas es, en el mejor de los casos, una medida temporal. En el peor, un espejismo de acción. Lo que México necesita no son comunicados triunfalistas tras cada detención, sino un ataque sostenido, implacable y transparente a las arquitecturas financieras del crimen. Eso implica ir más allá de los testaferros y golpear a los beneficiarios finales, investigar los vínculos con el mundo político y empresarial ‘legal’, y lograr condenas ejemplares que no se reviertan en corto.
Hoy se celebra el bloqueo de una red. Mañana, una nueva surgirá. El ciclo continuará hasta que el análisis crítico deje de conformarse con el espectáculo del golpe y exija el desmantelamiento del sistema que lo hace posible. La UIF descongeló unos números en una pantalla. La sociedad sigue esperando que se descongele la justicia.


