El presupuesto de guerra de EE.UU.: 900,000 millones para Defensa en tiempos de Trump y tensiones globales

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El presupuesto de guerra de EE.UU.: 900,000 millones para Defensa en tiempos de Trump y tensiones globales

900,000 millones de dólares. Esa es la cifra astronómica que la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó para el presupuesto de Defensa. El paquete, con apoyo bipartidista, es más que una asignación presupuestal; es una declaración de intenciones en un mundo convulso. Obliga a mantener la presencia militar en Europa (un guiño a aliados nerviosos), prevé fondos para Ucrania (a pesar de la retórica aislacionista de Trump) y contiene una joya: una provisión para forzar al Pentágono a hacer público el video del doble ataque a una supuesta narcolancha en el Caribe. En Washington, el dinero fluye hacia las bombas, mientras se discute cómo recortar gastos sociales en casa.

Un presupuesto para todas las guerras (y para evitar rendir cuentas)

El tamaño del presupuesto es abrumador. Supera el PIB de muchos países. Su aprobación bipartidista demuestra que, pese a las guerras culturales internas, hay un consenso inquebrantable en la clase política estadounidense: el poder militar es la columna vertebral de la influencia global. La medida incluye una subida del 3.8% para los soldados rasos —un gesto necesario para el reclutamiento— y una reforma al sistema de compras, eternamente criticado por sobrecostos y corrupción.

Pero lo más revelador es la cláusula que exige la publicación del video del ataque en el Caribe. En octubre, un helicóptero estadounidense ametralló una lancha sospechosa de narcotráfico. Luego, un segundo helicóptero regresó y atacó a los supervivientes que estaban en el agua. El Pentágono justificó la acción, pero se negó a publicar las imágenes. El Congreso, ahora, le pone un ultimátum. Es un raro momento de supervisión legislativa en un asunto que huele a posible crimen de guerra.

  • Refleja la prioridad absoluta del poder duro (hard power) en la política exterior de EE.UU.
  • Muestra la resiliencia del apoyo a Ucrania dentro del establishment, a pesar de las dudas de Trump.
  • La presión por el video del Caribe es una concesión a transparencia, pero minúscula frente a la opacidad general de las operaciones encubiertas.

El mensaje al mundo (y a Venezuela)

Este presupuesto llega en el momento más tenso con Venezuela en décadas. El mensaje es claro: Estados Unidos tiene los recursos y la voluntad política para proyectar fuerza simultáneamente en Europa (frente a Rusia) y en su "patio trasero" (frente a Venezuela y el narcotráfico). El portaaviones USS Gerald R. Ford en el Caribe no es un gasto, es una inversión en disuasión —o en provocación, dependiendo del cristal con que se mire—.

Para los aliados europeos, es una señal mixta: por un lado, el Congreso les asegura que no los abandonará; por otro, Trump sigue criticándolos por no gastar lo suficiente en su propia defensa. La contradicción entre la acción legislativa y la retórica presidencial es la nueva normalidad en Washington.

Conclusión: La máquina de guerra perfectamente engrasada

Mientras se debaten recortes a Medicaid o a la educación, el complejo militar-industrial obtiene su cheque en blanco. El presupuesto de Defensa estadounidense es un monstruo que se alimenta a sí mismo, justificado por enemigos reales e imaginarios. Hoy, esos enemigos tienen nombre: Rusia en Europa, carteles en América, y Venezuela como el objetivo de conveniencia que une a halcones y neoliberales.

Los 900,000 millones aseguran que las fábricas de misiles sigan funcionando, que los contratistas de defensa sigan facturando y que los portaaviones sigan navegando. También aseguran que el próximo "incidente" en el Caribe o el próximo bombardeo en algún desierto lejano tendrán el respaldo logístico y financiero ilimitado. Es la paz a través de la fuerza, una filosofía costosa y, como la historia muestra, a menudo fallida. Pero en Washington, es la única en la que todos parecen estar de acuerdo.

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