Sheinbaum Cancela la Mañanera del 20 de Noviembre: ¿Temor a la Sombra de la Marcha Gen Z?

El 20 de noviembre de 2025 pasará a la historia no por lo que se dijo en Palacio Nacional, sino por el silencio. La conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum fue cancelada oficialmente, rompiendo una rutina casi sagrada en la comunicación del gobierno. La razón oficial: la participación de la mandataria en el acto cívico-militar por el 115 aniversario de la Revolución Mexicana. Sin embargo, el contexto político del momento alimenta otras lecturas.
El acto oficial y la marcha en la sombra
Mientras se desarrollaba la ceremonia oficial, en las redes sociales y en el boca a boca juvenil cobraba fuerza la convocatoria a la llamada "Marcha Gen Z" o "Marcha del 20-N", un movimiento de protesta ciudadana, particularmente entre jóvenes, contra la inseguridad, el autoritarismo y la falta de oportunidades. La coincidencia de fechas era incómoda: el gobierno celebraba la historia revolucionaria mientras una nueva generación parecía prepararse para salir a las calles a exigir cambios.
La cancelación como mensaje estratégico
Analistas de comunicación política consideran varias posibilidades:
- Evitar el contraste: Una mañanera llena de preguntas incómodas sobre la marcha, justo el día en que se conmemora un levantamiento popular, habría creado un contraste narrativo muy desfavorable para el gobierno.
- Restaurar importancia: Asistir al acto militar y no a la mañanera podía leerse como una forma de priorizar la "tradición patriótica" sobre el foro político diario, buscando un terreno más controlado y solemne.
- No alimentar al adversario: Ignorar la mañanera era, de facto, ignorar la plataforma desde la que se suele descalificar las protestas. Sin foro, no había declaración que la oposición pudiera usar como detonante.
Un síntoma de los nuevos tiempos
La cancelación, más allá de la razón específica, es un reconocimiento tácito de que la mañanera ya no es un espacio de control absoluto. La agenda la pueden marcar los eventos en la calle y en las redes. Que un movimiento ciudadano, aunque fuera de forma indirecta, haya influido en la cancelación del ritual comunicativo más importante del gobierno, es un dato significativo del nuevo equilibrio de fuerzas entre el poder institucional y la presión social digital.
El silencio del 20 de noviembre, por tanto, habló más fuerte que muchas palabras. Fue la admisión de que, fuera de Palacio Nacional, hay un país con preguntas y demandas que ya no pueden ser manejadas solo desde un podio.


