El 'Frijol del Bienestar': ¿Apoyo al Campo o Clientelismo Electoral Disfrazado?

2 min de lectura
El 'Frijol del Bienestar': ¿Apoyo al Campo o Clientelismo Electoral Disfrazado?

Bajo la bandera de la "autosuficiencia alimentaria" y el apoyo a las familias más necesitadas, el gobierno federal ha impulsado la distribución de frijol a precios subsidiados, un producto básico en la dieta mexicana. Aunque la narrativa oficial habla de soberanía alimentaria y combate a la inflación, críticos y analistas ven en esta y otras medidas similares un patrón de clientelismo político moderno, apodado despectivamente como el "Frijol del Bienestar".

La lógica del apoyo: necesidad y popularidad

No cabe duda de que el alza en el precio de los alimentos básicos golpea a los más pobres. Un programa que ofrezca frijol, maíz o tortilla a precio accesible puede ser, en teoría, una red de seguridad social vital. Es una medida concreta, tangible y popular entre quienes la reciben. Desde esta perspectiva, es una obligación del Estado intervenir para proteger el poder adquisitivo.

La lógica de la crítica: dependencia y lealtad

Los críticos argumentan que el problema no es el apoyo en sí, sino su implementación y contexto:

  • Falta de institucionalidad: Los programas suelen operar a través de estructuras paralelas al Estado (como los comités del Bienestar), controladas por el partido en el poder, difuminando la línea entre ayuda social y actividad política proselitista.
  • Timing electoral: La intensificación de la distribución suele coincidir con periodos preelectorales o de mayor descontento social, sugiriendo un objetivo de calmar ánimos o ganar favores.
  • Sustitución de política estructural: En lugar de invertir en políticas de fondo para mejorar la productividad del campo o los ingresos familiares (que serían permanentes), se opta por subsidios directos y temporales que generan dependencia del dador.

El dilema de la política social

Este debate toca el núcleo de un problema eterno en la política social mexicana: cómo ayudar a quienes más lo necesitan sin caer en el clientelismo que instrumentaliza la pobreza. La solución, proponen expertos, está en la transparencia: que los programas sean universales (basados en criterios claros de ingreso, no en afinidad política), auditados por organismos autónomos y separados totalmente de la maquinaria partidista.

Mientras no se resuelva esta tensión, incluso el más humilde frijol estará condenado a ser visto no solo como alimento, sino como moneda de cambio político.

Te puede interesar