La CATEM bajo la lupa: el sindicato que sirvió de escudo a 'El Limones' y sus extorsiones

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La CATEM bajo la lupa: el sindicato que sirvió de escudo a 'El Limones' y sus extorsiones

La queja llegó a los oídos de la presidenta Claudia Sheinbaum a través de un gobernador priista, Manolo Jiménez, de Coahuila. Empresarios de La Laguna, región compartida entre Coahuila y Durango, vivían bajo el yugo de la extorsión. El nombre del verdugo: Edgar ‘El Limones’ Rodríguez. El dato escalofriante: el presunto delincuente operaba con el paraguas y la credencial de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), el sindicato liderado por el poderoso Pedro Haces, figura cercana al partido en el poder. La detención del cabecilla alivia temporalmente a la región, pero abre una caja de Pandora sobre las relaciones tóxicas entre ciertos sindicatos y el crimen.

El manual del delincuente con carnet sindical

La estrategia de ‘El Limones’ era brutal en su simpleza y audacia. No se escondía en la clandestinidad; se exhibía. Usaba su membresía en la CATEM como un escudo de impunidad y una herramienta de coerción. ¿Cómo se le niega el ‘apoyo’ o ‘la cuota’ a un representante de un sindicato con poder e influencia política? Esta simbiosis perversa no es un invento nuevo, pero su recrudecimiento en plena región industrial del país es un síntoma de la metástasis de la corrupción.

  • El sindicato provee fachada de legalidad y acceso a círculos de poder.
  • El grupo criminal aporta métodos de intimidación violenta y cobro coercitivo.
  • La víctima, el empresario o comerciante, queda atrapado entre dos fuegos: el crimen y una estructura aparentemente legal.

La CATEM, por su parte, ha deslindado responsabilidades, argumentando que no puede controlar las acciones individuales de sus agremiados. Un argumento endeble cuando el modus operandi delictivo se ejerce ostentando precisamente esa agremiación como instrumento de poder.

La laguna política: entre denuncias y omisiones

Lo más revelador es que la alerta sobre esta situación provino de un gobernador opositor. Esto plantea preguntas incómodas: ¿las autoridades federales, con toda su inteligencia y aparato de seguridad, no tenían conocimiento de esta red? ¿O es que la cercanía política del sindicato involucrado creó una zona de sombra donde la acción era más lenta, más cautelosa?

La intervención finalmente se dio, pero el caso deja al descubierto la fragilidad del Estado de derecho cuando el crimen se infiltra en organizaciones que deberían ser pilares de la justicia social. Un sindicato, en teoría, defiende derechos laborales. Aquí, su estructura fue usada para vulnerar el derecho más básico: a trabajar y comerciar en paz.

Conclusión: Más allá de un capítulo capturado

La captura de ‘El Limones’ es un respiro, no una solución. Es un capítulo cerrado en un libro cuyas páginas están llenas de historias similares. La verdadera prueba no está en la detención de un operador, sino en la investigación a fondo de los vínculos al interior del sindicato que lo cobijó. ¿Hubo complicidad de niveles superiores? ¿Se trata de un caso aislado o de un patrón de operación?

Si este caso se archiva solo como la captura de otro delincuente, sin un examen profundo y público de la simbiosis crimen-sindicato-poder, entonces no será más que un analgésico temporal. La Laguna podrá respirar hoy, pero el tumor que permitió esta infección sigue ahí, creciendo en otras regiones, bajo otros nombres, con otros carné sindicales en la bolsa.

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