El Asesinato de Carlos Manzo no fue Casual: Fue un Mensaje para el Poder

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El Asesinato de Carlos Manzo no fue Casual: Fue un Mensaje para el Poder

El 1 de noviembre de 2025, Carlos Manzo, un político con trayectoria en Michoacán, fue asesinado a balazos. Muchos medios lo reportaron como "otro asesinato más" en el violento estado. Sin embargo, analistas de seguridad y política ven en este crimen características que lo distinguen y lo elevan a la categoría de "mensaje" enviado por el crimen organizado a las esferas del poder.

Un objetivo con simbolismo

Manzo no era un ciudadano cualquiera. Era una figura política reconocida, con nexos locales y conocimiento del entramado de poder en una de las regiones más conflictivas del país. Su asesinato, ejecutado con precisión y a plena luz del día (o en circunstancias que demuestran impunidad), tiene un valor simbólico que trasciende la eliminación de una persona. Es una demostración de fuerza y una advertencia.

El mensaje para los tres destinatarios

Este tipo de crímenes suelen dirigirse a múltiples audiencias:

  1. Para otros políticos: El mensaje es "nadie está a salvo". Puede interpretarse como una amenaza para quienes no colaboren, o como un castigo ejemplar para quienes hayan intentado enfrentarlos. Busca generar miedo y sumisión en la clase política local y estatal.
  2. Para el gobierno federal: Es una forma de mostrar que, a pesar de la estrategia de "abrazos, no balazos" o del despliegue de la Guardia Nacional, los grupos criminales mantienen el control operativo y la capacidad de golpear donde y cuando quieran, incluso contra figuras públicas.
  3. Para la población: Refuerza la percepción de que el Estado es incapaz de proteger a sus ciudadanos, incluso a los más visibles, erosionando aún más su autoridad y legitimidad.

La respuesta institucional: la clave para descifrar el mensaje

La reacción del gobierno determinará cómo se lee finalmente el mensaje. Si la investigación es rápida, efectiva y lleva a los autores materiales e intelectuales, el Estado habría "contestado" con fuerza, invalidando la amenaza. Sin embargo, si el caso se diluye en la impunidad, como muchos otros, el mensaje criminal se habrá recibido alto y claro: "Aquí mandamos nosotros".

El asesinato de Carlos Manzo debe ser visto, por tanto, no como un episodio aislado de violencia, sino como un acto de comunicación política desde las sombras. Ignorar esta dimensión es perder de vista una de las armas más poderosas del crimen organizado contemporáneo: la capacidad de dictar la agenda del miedo y de desafiar la soberanía del Estado en su propio territorio.

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